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Sorprende cómo no suele importar que nos cuenten historias y que no nos aporten ningún dato que las avalen ni hechos que las demuestren. La vinculación emocional e ideológica, la admiración hacia una persona o la atmósfera favorable del pensamiento correcto es suficiente para creérnoslas. A pesar de no tener ninguna prueba que las sostengan somos capaces de defender de forma implacable la verosimilitud de esos relatos y de atacar a todos aquellos que se permiten dudar y, anatema, negar la ocurrencia de esas historias. Los medios de comunicación en función de los intereses que tienen sus financiadores publican noticias que, lejos de ser contrastadas, se dan por ciertas porque refuerzan la línea editorial marcada desgraciadamente por intereses bastardos y no comunicacionales. La posición del lector puede ser pasiva, lo cual implica una aceptación acrítica de lo leído; o activa, que lleva a un mínimo análisis. Este análisis no tiene por qué ser crítico sino simplemente coherente con el marco ideólogico del lector que provoca la asimilación inmediata pero sin un análisis profundo de la realidad de lo leído. Provoca un efecto similar al de la aceptación acrítica. El análisis crítico de una noticia pasa por el conocimiento de sus fuentes y de la validez de las mismas, conocer de quién parte la noticia y los intereses que pueda tener en su difusión, colocarla en su contexto nacional e internacional y valorar su relevancia informativa, buscar y analizar las distintas versiones que sobre un mismo hecho puedan existir asi como de los implicados, y cuando se tenga toda esta información tomar la decisión sobre si nos la vamos a creer o no.
Los medios de comunicación son el instrumento que se utiliza para crear estados de opinión, generalmente maniqueos, que definen dónde nos situamos ante una determinada noticia. En el bien o en el mal, en la democracia o en la dictadura, en contra o a favor del terrorismo, en lo blanco o en lo negro. Se pretende simplificar al máximo la capacidad de análisis y eliminar la crítica para lo cual apelan a conceptos morales. Si eres un demócrata ¿cómo puedes defender a Hugo Chávez? Si lo defiendes, estás defendiendo la dictadura o la aplicación de políticas populistas. Los medios occidentales se han encargado de crear una atmosfera de pensamiento correcto que nos dice que Hugo Chávez es un dictador. Si se define a la bloguera cubana Yoani Sánchez como luchadora de la libertad y de la dignidad en Cuba ¿cómo puedes cuestionar cualquier noticia que ella nos cuente?, ¿acaso puede mentir si es el adalid de la lucha contra la dictadura castrista? Son capaces de decirnos que sólo se puede conseguir la paz a través de la guerra y convertir a todos aquellos partidarios de la paz en contrarios por su rechazo a la guerra de Afganistán o a la de Iraq ¿es que no quieres la paz?
El foco informativo suele ir dirigido a unas partes del mundo, mientras que otras se encuentran en la mayor oscuridad informativa, normalmente para ocultar los intereses que determinados gobiernos y empresas tienen en esos lugares. Sorprende que una pequeña isla del caribe como Cuba sea fuente de innumerables noticias y que una de las dictaduras más sanguinarias del planeta, la de Guinea Ecuatorial, permanezca oculta a los ojos del mundo. El gobierno de Guinea Ecuatorial es uno de los más corruptos y abusivos del mundo pero genera un número irrisorio de noticias en los medios de comunicación comerciales. El 29 de noviembre se celebran las elecciones presidenciales en las que con toda probabilidad el dictador Teodoro Obiang, enriquecido gracias a los abundantes recursos petrolíferos del país, volverá a ganar con casi el 100% de los votos. La oposición en este país está en la carcel, asesinada o exiliada y, que yo tenga constancia, no existen blogueros, ni ordenadores, ni redes sociales, ni nada desde donde se pueda denunciar los atentados contra los derechos humanos que se producen diariamente en este país.
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Seguimos avanzando. La presidencia europea fue decidida en reuniones secretas, llamadas telefónicas, cenas privadas y sin testigos molestos. Dos políticos europeos, desconocidos para la opinión pública, resultaron ser los agraciados. La presión británica para colocar al inventor de la tercera vía no tuvo éxito. La decisión estaba tomada. La elección iba a recaer en políticos de perfil bajo, que no molestaran y supieran obedecer. No se podían arriesgar con personalidades fuertes, pagadas de si mismos, que pudieran tener algún tipo de iniciativa más allá de las órdenes pertinentes de los que realmente dirigen el tinglado. Para los ciudadanos daba lo mismo por varias razones. La principal es que no tenían oportunidad de elección ni de decisión. Cualquier político que se eligiera no sería adecuado porque no sería elegido por ellos. Las bases antidemocráticas de la potencia occidental ya están marcadas. Así se empieza a desarrollar el tan imprescindible Tratado de Lisboa.
Los presidentes de los países europeos, responsables directos, no han dicho ni pío sobre la ausencia de mecanismos democráticos en la elección de la presidencia europea. El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, sólo destacó que el cargo de Alto Representante para la política exterior y seguridad recayera en una mujer, la británica Catherin Ashton. El hecho de ser unos desconocidos para la gran mayoría de los ciudadanos europeos tampoco es un inconveniente porque tal y como dijo Ramón Jauregui, secretario general del PSOE en la Eurocámara, "el problema no es que sean desconocidos hoy, sino que lo sigan siendo mañana". Éste es el problema para Jauregui.
La absurda política de equilibrios que se fundamenta en una regla básica de la alta política, el reparto de poder, parece estar también detrás de esta decisión. Para la presidencia un conservador y para la política exterior una socialista británica, que a más inri es baronesa. Menudo socialismo.
Pero más allá de todo esto lo realmente preocupante es que los medios de comunicación oficiales hayan destacado de estas designaciones que los dos elegidos sean desconocidos y que uno de ellos sea mujer pero no hayan prestado atención a la toma de decisión oscurantista, lejos de lo que se demanda a una democracia que se digne llamarse de esta manera. La construcción europea se asienta en cimientos antidemocráticos y se convierte en una politocracia guiada por intereses ajenos a la ciudadanía pero esto no merece ni un titular ni un análisis profundo por parte de los medios de comunicación, que se convierten una vez más en los traductores censores de las decisiones que toman los que detentan el poder.
Con el noble objetivo de no morder la mano de quien les da de comer, los medios se transforman en trileros de la realidad, mediocres constructivistas, creadores de realidades ficticias. Igual dentro de 20 años nos revelan todos los secretos en un reportaje de investigación, cuando esté todo atado y bien atado.
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En el mes de diciembre se celebra la Cumbre de Copenhagen sobre el cambio climático en la que participarán los máximos dirigentes mundiales. Antes de empezar nace muerta, se convierte en insustancial y se reduce a la nada desde el mismo momento en que Barack Obama la considera un paso preliminar en la búsqueda de una solución para el cambio climático. A estas alturas y aún estamos en los preliminares. Hoy durante la celebración de la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria de la ONU las organizaciones sociales se quejan de que el documento final no recogerá propuestas concretas de acción para la erradicación del hambre en el mundo. Se han celebrado numerosas cumbres para tratar estos temas y otros, esenciales para la humanidad, y todas acaban de la misma manera. Sin compromisos concretos y sin una voluntad clara para solucionar algo. La conclusión de cada una de estas cumbres es que en contradicción con el discurso oficial dirigido a los votantes, que no ciudadanos ni personas, la voluntad, la determinación y el esfuerzo de los dirigentes de los principales países del mundo, en el que se incluye el recién nombrado premio nobel, son nulas. No digo mínimas sino nulas. Las acciones para erradicar el hambre en el mundo o luchar contra el cambio climático ya estarían dando resultados si existiera un interés real de la élite.
Barack Obama es capaz de decir que "No podemos aceptar un mundo acechado por el cambio climático y por eso todos los países deben tomar responsabilidades" pero en la práctica no hacer nada y negar la posibilidad real de conseguir compromisos necesarios en la próxima cumbre danesa. No existe una relación directa y necesaria entre lo que se dice y lo que se hace, con ese efecto perverso de la deseabilidad social (y el interés político) que oculta a los demás lo que realmente uno piensa. En el caso de los políticos nos dicen lo que queremos oir, lo que saben que demanda y preocupa a los ciudadanos, a sabiendas de que no lo van a hacer.
En la Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Río de Janeiro, una niña de 10 años llamada Severn Sukuzi realizó una intervención ejemplar en la que criticó a los participantes y responsables políticos por su inacción. Les dijo "mi padre dice: tú eres lo que haces y no lo que dices. Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches". Y en esas estamos.
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La Liga Nacional de Fútbol Profesional ha reaccionado airadamente ante la intención del gobierno español de que las grandes estrellas de la liga galáctica comiencen a cotizar un 43%, como cualquier otro trabajador español, en vez del 24 % actual. Su primera reacción ha sido amenazar con el parón de La Liga porque saben que la presión mediática de las televisiones que tienen los derechos de transmisión y de los aficionados puede jugar a su favor para obligar al gobierno a modificar su decisión. Los pobres aficionados se quedarían sin fútbol los domingos y, sin duda, serían capaces de echarse a la calle por volver a ver a 22 tíos en calzones pegar patadas a una pelota. La segunda reacción, más mesurada y reflexionada, ha sido nombrar al galáctico Florentino Pérez, producto lógico del capitalismo salvaje, como negociador oficial ante el gobierno.
No debe haber ningún tipo de negociación y el gobierno debería ser tajante en este sentido. Deben pagar lo que corresponde en relación a sus emolumentos que en el mundo del fútbol son escandalosos. Lógicos desde la mentalidad neoliberal y capitalista pero insolidarios e injustos socialmente. Lo que aportan los futbolistas a la sociedad es infinitamente menor que lo que aporta un médico, un trabajador de la construcción o un comerciante y estos no tienen beneficios fiscales por su actividad. Los salarios abusivos que se dan en el fútbol permiten que algunos futbolistas ganen en un año lo que la mayoría de la población no ganaría en toda su vida de trabajo. La injusticia es evidente y aún así la Liga Nacional de Fútbol Profesional en un ejercicio de irresponsabilidad social vergonzante se atreve a defender.
Los argumentos que utilizan son el perjuicio económico que va a provocar en los clubes, porque son los encargados de pagar los impuestos de los jugadores que reciben su salario en neto, y la perdida de competitividad de los clubes españoles con respecto a los europeos. En cuanto al primer argumento es un problema exclusivo de los clubes que tendrán que solucionar y, en cuanto al segundo, lo que realmente ocurre es que los clubes españoles pierden sus privilegios y se equiparan al resto de los clubes europeos que ya aplican retenciones similares a las fortunas que ganan los futbolistas. No deja de ser una buena noticia que en una Europa arrasada por la crisis económica desaparezca uno de los paraísos fiscales futbolísticos. Ahora sería necesario caminar hacia una distribución salarial más justa socialmente o hacia una limpia fiscal de los clubes o hacia el fin de los favores municipales que reciben pero sospecho que no caera esa breva.
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Muros físicos y psicológicos, invisibles y sólidos, reales y virtuales.La caída del muro de Berlín fue puramente simbólica. La ausencia de libertad que se vivía en los países del este de influencia soviética se transformó en la libertad de los países occidentales de influencia estadounidense. La libertad de comprar y vender, de los centros comerciales, de los McDonalds, los 7-eleven, el mercado. La izquierda, que no se había arrodillado a los postulados capitalistas y neoliberales, comenzó su largo peregrinar por la oscuridad que llega a nuestros días, noqueada ante la realidad de los países satélite socialistas. ¿Cómo conjugar la idea de libertad e igualdad propia de la izquierda con lo que sucedío? La confusión se convirtió en su acompañante más leal. Los partidos socialdemócratas comenzaron a atraer a todos aquellos huerfanos e intentaron rellenar sus vacíos ideológicos con material ficticio, literalmente recogido de la chatarrería capitalista. Herederos de la izquierda moderada asumieron postulados del mercado e incluyeron en sus idearios conceptos propios del neoliberalismo que se había convertido en la nueva biblia del país que más ha retorcido el concepto de libertad hasta vaciarlo de contenido, Estados Unidos, y que con la caída del muro se declaró vencedor de la guerra fría que asoló el mundo durante décadas. Los estigmatizados partidos de izquierda comenzaron a perder simpatizantes año trás año hasta convertirse en partidos residuales de mínima influencia política, incapaces de renovar su viejo discurso y de adaptarlo a la nueva realidad. Los partidos de la derecha y de la ultraderecha se beneficiaron del movimiento pendular de muchos de estos izquierdistas ideológicamente noqueados.
Se celebra el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín cuando en el nuevo mundo que surgió de aquel acontecimiento histórico se construyen nuevos muros. Israel construye su particular idea del muro en su lucha apartheid contra los palestinos. En una ciudad eslovaca se construye un muro que separa a la población gitana de la no gitana. El muro que separa a los ricos de los pobres cada vez es mayor, entre occidente y oriente, el que nos protege de los inmigrantes pobres, de los hambrientos. La guerra fría acabó pero no el sufrimiento de las guerras provocadas por los miles de conflictos que existen en el mundo, que sigue girando detrás de intereses bastardos. No, no pienso que el mundo postmuro sea mejor. Cayó el muro en Berlín pero continuaron y se levantaron muchos otros en otras partes del mundo. La estupidez sigue gobernando sin ningún obstáculo. Por eso pienso que los valores propios de la izquierda son válidos y necesarios. La izquierda contraria a la guerra, la izquierda de la solidaridad, de la libertad y de esa palabra tan arcaica para algunos como es la fraternidad, la izquierda que cuida su planeta, que respeta y defiende inequívocamente los derechos humanos, que cree en la distribución justa de la riqueza, aquella cuya mirada es global y universal, aquella que pertenece exclusivamente al ciudadano, centro y origen de todo su pensamiento. Una Izquierda pluralista y democrática. No existe otra.