Algo que contar

Los negros de Europa

Publicado el 18 Ee mayo Ee 2008 a las 17:20

En el diario italiano La Repubblica aparece una encuesta en la que el 68% de los italianos rechazan a los gitanos y el 30% les temen. El 70% piensa que el problema de los gitanos y los inmigrantes es prioritario. No hay nada nuevo en el horizonte. En España, el Centro de Investigaciones Sociológicas, más conocido por sus siglas CIS, publica periódicamente unas encuestas de opinión en las que es habitual que los gitanos sean el grupo social más rechazado, por encima de cualquier otro grupo incluyendo a los inmigrantes como ecuatorianos, colombianos, marroquíes, rumanos o extraterrestres.  En Rumanía ocurre otro tanto, al igual que en cualquier otro país donde la población gitana sea la minoría étnica más numerosa. El pueblo gitano, con las últimas incorporaciones de nuevos miembros a la Comunidad Europea, se convirtió en la minoría étnica europea más numerosa. Y la más rechazada. Los gitanos son los negros de Europa.

La persecución de los gitanos que se produce en Italia, con asaltos a campamentos por los vecinos del barrio napolitano Ponticelli, armados con cócteles molotov, palos y demás armamento, o la irrupción de la policía en el mayor campamento de Roma conocido como Il Salone, no es nueva. Ni en Italia, ni en España ni en Europa. Las persecuciones, asesinatos y demás intentos para expulsar, acabar con su identidad cultural o exterminar a este pueblo forman parte de su historia. Desde el sistema esclavista de Rumanía, que permaneció hasta hace pocos años, pasando por el holocausto nazi hasta nuestro Felipe VI y su versión de la noche de los cristales rotos en 1749, apresando a novecientos gitanos con la intención de darles el finiquito. En el antiguo Reino de Castilla fueron los prestigiados Reyes Católicos quienes dieron comienzo a la carrera de ver quién acababa antes con este pueblo. Por eso lo que hoy, el graciosillo Berlusconi (que no le llamen bufón por respeto a Dario Fo) y sus secuaces, ponen en práctica en Italia no es nuevo. Tiene que ver con una práctica extendida en Europa desde hace siglos y que es ignorada por la mayor parte de los europeos. Y cuando se conoce, no se reconoce. Los no gitanos tenemos diferentes argumentos para justificar las acciones contra los gitanos a lo largo de la historia, desde que no se integran o que roban o que matan o que son brujos o que se comen a los niños. No tenemos ni la capacidad ni el interés por hacer un análisis de conciencia de nuestras conductas, de nuestras actitudes, de nuestros pensamientos.

En la actualidad la realidad gitana en España no tiene nada que ver con la de hace 20 años. No digamos ya con la de hace uno o cinco siglos. Pero nuestros prejuicios son los mismos que existían en la época de los Reyes Católicos. Esa es nuestra evolución. Tenemos ordenadores, varios móviles, esculpimos nuestros cuerpos en los gimnasios y lloramos por los niños de África pero seguimos pensando lo mismo sobre los gitanos que hace quinientos años.

Categorías: Derechos Humanos

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